Estigma en salud mental
«A ver, hija, tú tal como estás no puedes ser madre: ¿quién cuidará de la criatura cuando tú no puedas ni levantarte de la cama?».
«Deberíamos hacer pasar alguna prueba a los estudiantes de magisterio que acredite que no son un peligro para las criaturas: ¡alguien tan inestable como Pol no puede dar clase!».
«Lamentablemente, hemos valorado que no eres apto para el cargo de dirección, tus antecedentes de crisis de ansiedad nos desaconsejan que asumas una responsabilidad tan grande como lo es dirigir un departamento de finanzas».
¿Te suenan bien estas afirmaciones?
Si estás de acuerdo con ellas, es necesario que revisemos juntos los estereotipos y perjuicios que rodean a las personas con problemas de salud mental y desmontar las falsas creencias que llevan a la discriminación y al recorte de derechos de las personas. Recuerda que cualquier día podrías ser TÚ quien sufriera las consecuencias de este estigma.
Afrontemos esta cuestión con determinación. Las personas con problemas de salud mental sufren a diario las consecuencias de los prejuicios sociales. El estigma consiste en atribuirles cualidades negativas y desacreditadoras, lo que hace que pasen a ser percibidas, pensadas y tratadas como inferiores. Esto las desacredita y las convierte en víctimas de discriminación y exclusión social, lo que dificulta enormemente que puedan recuperar el control de sus vidas. Se enfrentan a obstáculos adicionales a la hora de buscar empleo, en el acceso a viviendas, la participación en la comunidad y la obtención de seguros asistenciales, entre otras cosas.
Para las personas con problemas de salud mental, el estigma es la principal barrera para su salud, bienestar y calidad de vida: genera barreras para la recuperación del proyecto de vida porque reduce las oportunidades de empleo, educación, participación en la comunidad, etc., actúa como un fuerte mecanismo de exclusión que puede tener efectos de aislamiento social, dificulta a las personas hablar abiertamente con su entorno sobre su salud mental, incrementa el secretismo y promueve a necesidad de esconder el diagnóstico para evitar la discriminación. No pedir ayuda empeora la salud y, al mismo tiempo, el tabú que se genera contribuye a reforzar mitos y prejuicios socialmente arraigados.
El estigma que rodea los problemas de salud mental se debe principalmente a las falsas ideas extendidas sobre sus causas y su naturaleza. En todo el mundo, en muchas sociedades, los problemas de salud mental se entienden a menudo como manifestaciones de debilidad personal o de fuerzas sobrenaturales. Las personas con problemas de salud mental se consideran perezosas, débiles, poco inteligentes, difíciles e incapaces de tomar decisiones. También se cree que son violentas, a pesar de que son mucho más propensas a ser víctimas que perpetradoras de violencia.
Con frecuencia, se enfrentan a recortes en el ejercicio de sus derechos políticos y civiles, y en su capacidad de participación en los asuntos públicos.
También ven restringida su capacidad para acceder a atención sanitaria y social esencial. La mayoría de las personas con problemas de salud mental se enfrentan a obstáculos desproporcionados a la hora de obtener un rendimiento escolar y formativo adecuado, y de encontrar un trabajo. Las consecuencias son importantes: muchas personas con problemas de salud mental sufren exclusión social.
A continuación, detallamos el proceso que conduce a esta exclusión social de las personas con problemas de salud mental.
Aunque hay múltiples definiciones, podríamos entender que el estigma es una etiqueta o atributo que conecta a una persona o a un colectivo con características o comportamientos, reales o falsos, que se alejan de la norma y que, por tanto, se consideran indeseables. Esta marca, este etiquetado, implica una separación entre «nosotros» y «ellos». Y, a su vez, esta separación implica que «ellos» son fundamentalmente distintos a «nosotros».
Según destacados investigadores de este fenómeno, el estigma se manifiesta de distintas maneras: mediante estereotipos, prejuicios y discriminación.
Los estereotipos son el conjunto de creencias, en gran parte falsas, que la mayoría de la población tiene sobre un determinado grupo de personas y que condiciona la percepción y la valoración del grupo.
En el caso concreto de los problemas de salud mental, los estereotipos más frecuentes se relacionan con la peligrosidad y la violencia, la incompetencia y la incapacidad para desarrollar tareas básicas de la vida, la dificultad de relación, la impredecibilidad y la falta de control, así como un grado variable de atribución de responsabilidad de lo que les pasa. Los estereotipos suponen un problema de falta de conocimientos precisos por parte de la población general.
Estas creencias pueden dar pie a prejuicios, que reflejan la disposición de la población general a actuar de una manera habitualmente negativa hacia los miembros del colectivo estereotipado, sin analizar si hay algún motivo que lo justifique.
Los problemas de salud mental provocan reacciones emocionales de miedo, rechazo y desconfianza a la población general, que responde aislando o evitando a las personas afectadas. Los prejuicios suponen un problema de actitudes negativas por parte de la población general.
Finalmente, una consecuencia particularmente negativa de los prejuicios es la discriminación, por la que se priva de sus derechos a los miembros de un colectivo estereotipado. En el caso de las personas con problemas de salud mental, esto se manifiesta en las dificultades de acceso a un trabajo o una vivienda independientes, la limitación de sus relaciones sociales y de pareja, la limitación del ámbito social a otras personas de su mismo colectivo, las dificultades en el acceso a los sistemas judicial y de salud, etc.
Se precisan distintos tipos de acciones para afrontar cada uno de estos problemas. No se puede dar por hecho, por ejemplo, que informar a la gente sobre los problemas de salud mental cambiará necesariamente su actitud o comportamiento.
Aunque el proceso que lleva de la estigmatización a la exclusión social es mucho más complejo, esquemáticamente podríamos entender que funciona de la siguiente manera: las personas que tienen actitudes estigmatizantes pueden acabar discriminando (intencionadamente o no) a las personas con problemas de salud mental. Esta discriminación daña la igualdad de oportunidades de la persona afectada y puede conducirla a la exclusión social. En este contexto, entendemos por exclusión social la falta de oportunidades que tiene una persona de participar en la sociedad y contribuir a ello al igual que el resto. Para una persona con problemas de salud mental, la exclusión social se ve reflejada en una variedad de hechos, como la falta de estatus, el desempleo, unas redes sociales escasas, la falta de oportunidades para crear una familia o el acceso limitado a la vivienda o la educación.
Para romper con esta dinámica negativa, hay que promover una mayor sensibilización y educación sobre la salud mental. Es crucial contribuir a una comprensión más profunda y precisa de los problemas de salud mental y evitar generalizaciones injustas. Fomentar la inclusión y el apoyo a las personas con problemas de salud mental nos permitirá construir una sociedad más empática, justa y respetuosa con la diversidad de todos los individuos.
¿La sociedad catalana es estigmatizante en cuanto a salud mental?
En el año 2017, se presentó el primer estudio de ámbito catalán para detectar el nivel de estigma y discriminación que perciben las personas que tienen o han tenido algún problema de salud mental. Este estudio, encargado por personal investigador de la UAB y la consultora Spora Sinergies, aporta información valiosa, porque por primera vez conocemos no solo las actitudes y los comportamientos sociales hacia las personas que tienen un trastorno de salud mental, sino como viven estas personas esas actitudes y comportamientos. El informe aporta datos duros y claros, que resumimos en los siguientes aspectos:
En Cataluña, la discriminación por razones de salud mental está muy extendida: un 80,1 % de las personas con trastorno han sufrido alguna vez discriminación por motivos de salud mental, y un 54,9 % han sufrido bastante discriminación o de forma muy frecuente.
El trato discriminatorio afecta a los principales ámbitos de la vida: existe en los entornos laboral y educativo, en la atención sanitaria, en las relaciones familiares, de amistad y de pareja.
Para hacer frente al estigma y el trato discriminatorio, la opción mayoritaria de las personas (un 82,4 %) es ocultar que tienen un trastorno.
El miedo a ser discriminadas o vejadas hace que el 88,8 % de personas con trastorno mental dejen de hacer actividades básicas en la vida, como trabajar, estudiar, hacer deporte o socializar.
De este trabajo de investigación se extraen, además, diversos datos relacionados con la discriminación y el estigma que se viven en diversos ámbitos y entornos vitales.
Destacamos a continuación los principales datos por ámbito vital:
En el ámbito laboral, la tasa de paro de las personas con trastornos mentales es del 61,9 %, 44,2 puntos más elevada que entre la población general, y el 48,5 % han ocultado su trastorno en el trabajo para evitar un trato discriminatorio.
En el ámbito educativo, el 18,9 % han sido discriminadas por parte del profesorado, el 51,3 % deciden ocultarlo al profesorado y el 53 % a los compañeros.
En el ámbito de la atención sanitaria, el 26,1 % han sido discriminadas en alguna ocasión en un centro hospitalario por tener un trastorno mental y el 40,6 % han sido discriminadas en un servicio de la Red de Salud Mental. En cuanto a las relaciones familiares, de pareja y amistades, el 50,4 % han sufrido un trato injusto por parte de la familia nuclear, el 38,6 % por parte de la familia extendida, el 40 % por parte de la pareja y el 53,1 % por sus amistades, y el 23 % han recibido presión para no tener descendencia por parte de la familia, de los profesionales sanitarios y también, en menor medida, de sus parejas.
Por todo ello, para consolidar la lucha contra el estigma en salud mental es indispensable promover liderazgos compartidos y avanzados en nuestro territorio. La UAB ha sido de las primeras universidades en diseñar, aprobar y desarrollar un plan local antiestigma, aprobado en el Consejo de Gobierno del 11 de marzo de 2020, y lo ha hecho con la colaboración de la entidad Obertament y todos los agentes y actores claves de nuestra comunidad universitaria, con los siguientes objetivos:
-Cambiar actitudes y comportamientos en relación con las personas que tienen un problema de salud mental en su realidad territorial.
-Reducir los niveles de estigma y discriminación percibidos.
-Empoderar la primera persona como garante del cambio social.
-Mejorar los indicadores de inclusión social relativos a los problemas de salud mental.
Información complementaria
