04. Efectos del cambio climático sobre la biodiversidad
Impacto del uso de combustibles fósiles en la biodiversidad por efecto del cambio climático
Actualmente, ya sabemos que el efecto del calentamiento global y del cambio climático sobre la biodiversidad es muy amplio. Sin embargo, al mismo tiempo, desconocemos muchos detalles de ese efecto en muchas especies y sistemas naturales. Cuando hablamos de biodiversidad nos referimos a la diversidad de los ecosistemas; a la variedad de especies de organismos animales, vegetales y hongos que viven en esos sistemas naturales, y también a la variedad de características genéticas de las especies.
Tener un ecosistema diverso es importante por los servicios que proporciona a los humanos. Por ejemplo, nos permite respirar un aire más puro, nos proporciona alimentación y materias primas, y nos protege de las inundaciones y de algunas enfermedades. Perder biodiversidad es perder capacidad de funcionamiento de la biosfera, la zona donde habita la vida en la Tierra, donde vivimos.
En la Tierra hay millones de especies de organismos diferentes, algunas de las cuales ni siquiera las hemos descubierto ni catalogado. De otras, sabemos muy poco y, por lo tanto, no podemos decir cómo les afecta el cambio climático. Ahora bien, de muchas otras sí tenemos suficiente conocimiento para valorar cómo les impacta el cambio climático, producido principalmente por el consumo de combustibles fósiles. Para la mayoría de esas especies es un grave problema que pone en peligro su supervivencia.
Los organismos y los ecosistemas se distribuyen por determinadas zonas o hábitats del planeta en función de las condiciones y de los recursos que necesitan para vivir.
En los ecosistemas terrestres, dos de las condiciones más relevantes, y que están variando debido al cambio climático, son la temperatura y la disponibilidad de agua. Estos cambios afectan sobre todo a las plantas (y, desde luego, al resto de los seres vivos), ya que estas se encuentran en la base de la cadena alimentaria. No obstante, también afecta directamente a muchos otros organismos que, por ejemplo, necesitan agua para beber o reproducirse o unos rangos de temperatura concretos para completar correctamente el ciclo vital.
Cuando cambian las condiciones, esas especies ya no son capaces de vivir donde han vivido hasta ese momento, porque no están preparadas para adaptarse a las nuevas características. Esto ha pasado varias veces a lo largo de la historia de la Tierra y de la vida. En algunos casos, ha provocado grandes extinciones, mientras que, en otros, las especies se han ido adaptando o han migrado a otras zonas.
Sin embargo, la mayoría de las especies que se enfrentan a un cambio de condiciones no se están adaptando ni acaban migrando. Los cambios de temperatura y de precipitaciones se están produciendo a una velocidad mucho más rápida que los mecanismos evolutivos de la inmensa mayoría de las especies y, por lo tanto, algunas se quedan atrás. Es posible que los organismos más simples, con generaciones muy rápidas, puedan adaptarse a estos cambios (conocemos algunos casos), pero no es lo que sucede con los organismos cuyo ciclo de vida es más largo. Quizá un alga unicelular pueda hacer esta evolución de forma más o menos rápida, pero está claro que un anfibio o un árbol no pueden hacerlo.
La otra posibilidad, la de migrar hacia zonas favorables en las que haya las condiciones adecuadas para vivir, tal y como hicieron muchas especies durante los periodos glaciares, es remota teniendo en cuenta la velocidad a la que se dan los cambios. Para muchas especies, el ritmo de desaparición de las zonas donde pueden vivir es muy superior al ritmo de ocupación de nuevas zonas.
El calentamiento global también está afectando a la fenología de las especies, es decir, el conjunto de cambios que experimenta un organismo a lo largo del tiempo, como la floración o la fructificación de una planta o el cambio hacia la etapa adulta de un insecto. Con el aumento de la temperatura, estos cambios se están adelantando, y, como no afectan a todos los organismos por igual, esto provoca que a menudo haya desajustes entre las especies que se relacionan entre sí. Por ejemplo, hay plantas que brotan antes, pero las larvas de mariposa que se alimentan de los brotes tiernos de esas plantas no aparecen antes y, cuando aparecen, ya no quedan esos brotes tiernos. También encontramos polinizadores, como las abejas, las moscas, las mariposas o los escarabajos, que salen antes o después de que florezcan las plantas por las que tienen preferencia. A menudo, los organismos tienen cierta flexibilidad para encontrar otras fuentes de alimento, pero no siempre es así, y, por lo tanto, pueden llegar a desaparecer. Hay repercusiones incluso cuando tienen la opción de cambiar de alimento, ya que, al no ser su dieta óptima, crecen o se reproducen menos, y eso provoca que a la larga acaben desapareciendo. Estas repercusiones son más difíciles de detectar y de estudiar por parte de los expertos debido a su carácter progresivo. Otro efecto del cambio de las condiciones ambientales, especialmente de la temperatura, es la proliferación de algunas especies invasoras. Hay especies que tienen mucha capacidad de migrar hacia zonas más cálidas. Algunas llegan a zonas que son óptimas para ellas y se reproducen con mucha facilidad. Esas especies se convierten en invasoras y proliferan de manera exagerada, lo que genera la exclusión de muchas especies autóctonas, que no solo deben soportar condiciones ambientales más desfavorables, sino también la competencia o la depredación de esas nuevas especies. En definitiva, unas pocas especies ganan, pero la mayoría sale perdiendo.
Debido al cambio climático, también están aumentando la frecuencia y la intensidad de perturbaciones como sequías, tormentas de grandes dimensiones o incendios. En general, las especies de las zonas en que se registran estas perturbaciones disponen de estrategias para resistir o recuperarse, pero las suelen tener cuando estas perturbaciones se dan con una frecuencia e intensidad determinadas. Si la intensidad y la frecuencia aumentan, muchas especies pueden perder su capacidad de recuperación.
Dependiendo de la biología de cada especie, hay muchos otros aspectos que pueden verse afectados por el cambio climático que conlleva el calentamiento global, y muchos de ellos los desconocemos. Por ejemplo, el llamado blanqueo de los corales es un fenómeno provocado por el calentamiento del mar. Cuando la temperatura del mar sube, las algas que viven en simbiosis con el coral son capaces de vivir de manera independiente y se van, lo que provoca el deterioro y la muerte de muchas especies de coral y, desde luego, de muchas otras especies asociadas a los hábitats generados por los corales. En años menos cálidos se observa cierta recuperación de los ecosistemas de coral, pero, en general, como son organismos de crecimiento lento, cada vez más vemos que la recuperación en algunas zonas ya es imposible.
Otro ejemplo es cómo algunas abejas solitarias se ven afectadas por los inviernos más cálidos. Durante lo que debería ser su periodo de descanso invernal, si las temperaturas son más altas de lo habitual, las abejas mantienen el metabolismo activo y pierden reservas. Eso las obliga a salir antes de tiempo, y lo hacen más debilitadas, lo que se traduce en una reducción de la capacidad para reproducirse y para sobrevivir. Además, son más vulnerables a otras situaciones de estrés. De nuevo, es un efecto difícil de detectar, pero, a lo largo del tiempo, se va viendo que sus poblaciones se van reduciendo. En definitiva, los cambios en las condiciones de vida de las especies causados por el incremento de la temperatura, el aumento de la intensidad y la frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos y los desajustes que provocan estos cambios en las interacciones con otras especies afectan negativamente a la mayoría de las especies y solo es positivo para unas pocas.
Cabe recordar, además, que hay muchos otros efectos que se nos escapan debido al desconocimiento que tenemos de la biología de un gran número de especies del planeta. Con el uso de los combustibles fósiles estamos modificando las condiciones de vida de muchos organismos sin conocer las consecuencias, algo especialmente grave si le añadimos que todavía estamos descubriendo nuevas especies.
La magnitud de esta reducción de la biodiversidad por efecto de la actividad humana, sobre todo por el uso masivo de combustibles fósiles, principales causantes del cambio climático, nos lleva a hablar de la sexta extinción masiva. En otros momentos de la historia de la Tierra, ya se han producido extinciones masivas, pero nunca a tanta velocidad y, sobre todo, nunca provocadas por la actividad de una sola especie: la humana.
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