05. Otros efectos sobre la biodiversidad
Impacto de los combustibles fósiles sobre la biodiversidad: 2ª parte
El principal efecto del uso de combustibles fósiles sobre la biodiversidad es que agrava el calentamiento global, fenómeno provocado por las emisiones de gases provenientes de esos combustibles, principalmente del dióxido de carbono (CO2). Ahora bien, también existen otros fenómenos causados por el uso de combustibles fósiles que representan una clara amenaza para la biodiversidad.
Una consecuencia muy relevante es la llamada acidificación de los mares y los océanos. Estos cuerpos de agua absorben una buena parte del CO2 del aire, y, con el aumento de CO2, absorben más cantidad. Esto tiene un lado positivo, porque implica el secuestro de una parte del CO2 (alrededor de un 30 %) que emitimos a la atmósfera y, por tanto, una reducción del efecto invernadero producido por este gas. La parte negativa es que tiene un coste importante para la biodiversidad marina, ya que, cuando el CO2 se disuelve en el agua, se forma ácido carbónico y aumenta la acidez del mar.
Esta acidez tiene efectos globales en todos los mares y océanos, ya que afecta a muchos de los organismos que viven en ellos. Algunas estructuras fundamentales de muchos organismos marinos contienen carbonato cálcico, compuesto que se disuelve más cuando aumenta la acidez. Por lo tanto, esos organismos tendrán dificultades para hacer funcionar su cuerpo correctamente. Es el caso de muchas algas unicelulares que forman el fitoplancton, varios tipos de algas multicelulares, los corales, crustáceos como los cangrejos y las gambas, moluscos como las almejas y los mejillones, equinodermos como las estrellas de mar…
Ya se han documentado reducciones en el crecimiento y la supervivencia de muchos de estos organismos debido a la acidificación. Sin duda, son unas reducciones que también tendrán consecuencias en los organismos que se alimentan de ellos, incluidos los humanos, ya que muchas de estas especies tienen una gran relevancia en la alimentación humana, y en algunas zonas costeras del mundo constituyen la principal fuente de proteína de la población.
Es verdad que para algunos organismos, como las diatomeas y otras algas, esta acidificación puede ser parcialmente beneficiosa. Sin embargo, en otros casos, todavía no conocemos exactamente sus efectos. No obstante, en general, la biodiversidad marina está disminuyendo no solo debido a la acidificación, sino también al aumento de la temperatura, tal y como explicamos en la audioguía anterior.
La combustión del gas natural, pero aún más la del petróleo y sus derivados, y sobre todo la del carbón, también emite muchos otros gases contaminantes. Algunos de los principales son el dióxido de azufre y los óxidos de nitrógeno. Cuando entran en contacto con el oxígeno y el agua que hay en la atmósfera, generan ácidos; en este caso, ácido sulfúrico y ácido nítrico, que las gotas de lluvia arrastran cuando caen al suelo, a los ríos y a los lagos. Esta acidez es un problema para la supervivencia de muchas especies de plantas y está provocando la reducción drástica de grandes masas boscosas. El principal efecto se ve en la tierra, ya que la acidificación hace que cambien las proporciones disponibles de algunas sustancias hasta niveles que son tóxicos para las plantas, y modifica completamente la composición de los microorganismos del suelo.
En Cataluña, y en muchas zonas mediterráneas europeas, la lluvia ácida nunca ha sido un gran problema porque muchos suelos son calcáreos y compensan la acidez. Además, las lluvias de barro que nos afectan periódicamente son alcalinas (lo contrario de ácidas) y, aunque ensucian los coches y la ropa tendida, nos protegen de la lluvia ácida.
En cambio, en zonas en las que no hay suelos calcáreos ni lluvias de barro, la lluvia ácida es un gran problema. Hace décadas era muy grave en ciertas zonas del centro y del norte de Europa, así como en algunas zonas de América del Norte, pero la mejora de la calidad de los combustibles, la reducción del uso del carbón y la implantación de filtros y controles en las principales fuentes emisoras han disminuido mucho la emisión de óxidos de azufre y, por tanto, la lluvia ácida. Sin embargo, sigue siendo un problema importante en algunas zonas del mundo en las que no existen esas normativas, en las que no hay ni suelos calcáreos ni lluvias de barro, y en las que todavía se utiliza mucho el carbón como fuente de energía, como es el caso de China, India o Brasil.
Otro efecto de los gases contaminantes sobre la biodiversidad es un fenómeno que se llama eutrofización. Como hemos dicho, con la quema de combustibles fósiles, especialmente la que se produce con el tráfico, liberamos en la atmósfera nitrógeno en forma de óxidos de nitrógeno. Ese nitrógeno, junto con el que procede de otras fuentes, como los fertilizantes agrícolas, los cultivos forrajeros (que lo fijan en tierra) y otras fuentes agrícolas y ganaderas, provoca una especie de fertilización por nitrógeno a escala global en todos los ecosistemas. El medio contiene demasiados nutrientes, es decir, se eutrofiza, lo que conlleva consecuencias negativas para los organismos. Por ejemplo, el aumento de sustancias nutritivas en aguas dulces provoca que algunas algas y el fitoplancton crezcan de manera descontrolada, hasta que el ecosistema colapsa. El exceso de nitrógeno rompe el equilibrio con otros nutrientes que utilizan las plantas, especialmente con el fósforo. El impacto biológico del desequilibrio creciente entre estos dos nutrientes, el nitrógeno y el fósforo, se ha observado en las masas de agua continentales, en la estructura y en la función de las comunidades de seres vivos del suelo y en la composición de especies de las comunidades de plantas. También hay indicios de que esta alteración, en algunos productos alimenticios, puede provocar problemas de salud. En el ámbito agrícola, una forma de compensarlo podría ser añadiendo fósforo a los cultivos, pero es un elemento difícil de encontrar y costoso, y conseguirlo en las cantidades necesarias sería un motivo más de desigualdad entre países y agricultores.
Otro efecto provocado por el calentamiento global que representa un riesgo para la biosfera y para las personas es el aumento del nivel del mar, ya que implica la destrucción de muchos ecosistemas costeros. Algunos de estos sistemas naturales viven muy cerca del mar, incluso en aguas salobres, pero, con el aumento del nivel, la entrada de agua salada a zonas más interiores saliniza demasiado el medio e imposibilita su supervivencia. Además, si el nivel del mar es más alto, provoca que los efectos de las tormentas, cada vez más frecuentes e intensas, lleguen a zonas más interiores. Estos procesos ya están destruyendo muchos ecosistemas costeros. Por ejemplo, junto con otros elementos, como la contaminación del agua o la destrucción directa por procesos de urbanización, han destruido extensas zonas de manglares en todo el mundo. También afectan muy negativamente a las poblaciones humanas que viven cerca de la costa, ya que sufren sus efectos en los pueblos, las ciudades y los cultivos de proximidad.
Para finalizar, no podemos olvidar el gran impacto que representa la extracción de combustibles fósiles en la biodiversidad de los territorios de donde se extraen. De hecho, algunas de las nuevas técnicas para extraer hidrocarburos, como el fracking o el aprovechamiento de tierras bituminosas, aún pueden ser más agresivas que las que se han usado tradicionalmente.
Muchas veces estas actividades implican la destrucción de grandes zonas forestales o marinas. Obviamente, se puede hacer de manera menos agresiva para el medio y, sobre todo, se puede obligar a restaurar las zonas una vez finalizada la extracción, pero a menudo las explotaciones están en países con una legislación medioambiental poco estricta y con pocos controles, y las zonas explotadas son prácticamente irrecuperables.
Es importante destacar que las explotaciones a menudo se hallan en zonas pertenecientes a pueblos indígenas y originarios, que ven que sus tierras son contaminadas y destruidas. El transporte de esos combustibles también provoca contaminaciones en todas partes: cuando se producen accidentes en los oleoductos o durante el transporte por mar, cuando se llevan a cabo malas praxis, cuando se limpian los depósitos de los petroleros con agua de mar y se tiran los residuos al mar, o durante las operaciones de carga y descarga. Esos derramamientos de combustibles en zonas naturales, sobre todo en los casos de accidentes graves, donde se vierte mucha cantidad en una zona concreta, tienen un impacto muy negativo y la recuperación de esas zonas, si es posible, dura muchos años.
Muchas de las energías renovables también necesitan materiales procedentes de explotaciones mineras, y tienen un impacto similar sobre la biodiversidad y las poblaciones locales. Por lo tanto, es imprescindible tener y hacer cumplir una legislación que minimice esos efectos, que obligue a restaurar las zonas una vez explotadas y que tenga en cuenta las poblaciones locales en la toma de decisiones para hacer la transición hacia otros tipos de energía.
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